viernes, 3 de octubre de 2008

Libros Budistas

domingo, 20 de julio de 2008

jueves, 17 de julio de 2008

La paz interior es el resultado de una mente en silencio. Una quietud interior que nos permite vernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea tal cual son, ausente de agresión, deseos, frustración y estrés. Sentir satisfacción plena con la simpleza de ser. No necesitamos ser ricos, exitosos, atractivos o populares para experimentar esta calma interior. Lo único que requerimos, es ser capaces de tomar control de nuestra mente y parar los constantes pensamientos que se repiten incesantemente.Encontrar la paz mental no es algo que se pueda comprar con dinero o lograr de un día a otro. Representa un proceso gradual de auto descubrimiento y comprensión, uno que demanda gran dedicación y genuina necesidad de paz, no sólo para uno mismo, sino también para los que nos rodean. La buena nueva es que cualquier persona, si así lo desea, puede actualizar una mente apacible. De hecho, ya contamos con tal, sólo que se encuentra temporalmente cubierta por capas de pensamientos perturbadores y repetitivos.El primer paso para encontrar esta paz interior, es contar con la urgencia genuina de actualizarla, un deseo que debe elevarse muy por encima de la mera curiosidad intelectual. No importa el trasfondo religioso del que provengamos, ya que nuestras necesidades como seres humanos, son fundamentalmente las mismas.La paz interior no es una emoción pasajera sino un estado mental. Las personas que logran actualizar esta quietud interior, generalmente la muestran a través de ser bondadosos con todos, desplegando una profunda apreciación para el mundo natural que les rodea. Los individuos que logran hacer propia tal paz interior, pueden realmente contribuir la promoción de la paz exterior.
Su Santidad el XIV Dalai Lama

lunes, 19 de mayo de 2008

sobre besos...

...hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.

...hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

...hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Gabriela Mistral

...los besos silenciosos,
tan dormidosque no despertarán...,
como nosotros.

Francisco Álvarez

lunes, 21 de abril de 2008

ely,draco & yo

en el éxtasis de un beso imaginario...
imagino más que eso...
tu espacio pide ser llenado...
la tristeza del vacío indeseado...
y al olvido de los días...
imagino tus caricias...
y te pido: ¡quédate! ...
... o mejor, ¿ven?
... entre mis piernas una fuente quieres beber eternamente,
nada se recuerda...
... todo es al natural...
... te fumaré...
¿me fumarás? nos fumaremos... entre nuestros labios sedientos,
besos de vino tinto.

martes, 1 de abril de 2008

Acto 2

Pocas veces… pocas veces… o ninguna vez… rara vez, sí.
Retomemos, pocas veces un recuerdo me emociona, me estremece, me sacude. Pocas veces lo recordado me recorre impaciente llevándome al momento de retozo.
Es que te sentí mucho. Abundante. Tibio. Extasiado.
Tienes una cualidad que te limita, te encasilla; o ¿será que la que encasilla soy yo?
No suelo admitir pasión. Ya una vez lo pensé. Lo sabía y ahora reafirmo que siempre lo supe.
Te escuche más y aunado a eso, ahora te vi y, peor aún, te sentí. He firmado mi condena, la que conlleva a un dulce y carnal castigo, el cual es intermitente como los latidos que lo acatan.
Olor, esencia, espacio contraído. Cada asociación semántica evoca plácidamente el tacto.
Cúbreme y mantente así. No te levantes, ¿no ves que podríamos separarnos?
Está bien, separémonos… al menos, me queda el momento que pocas veces o si acaso en una rara vez me devolverá a ti.

Acto 1

Me acostumbraste a escucharte, casi tan inconscientemente como la vida me ha acostumbrado a respirar.
Es que hoy no llamaste.
Te he oído poco.
¿Sabes?
Con los dedos de una mano cuento las ocasionales conversaciones; pero ningún dedo de mi cuerpo me alcanza para contar los muchos intercambios que yo he sentido tener contigo.
Es que se que nos pensamos. Bueno, eso es lo que siento.
A la vez, me detengo.
No me permito sentir mucho, porque esa misma vida, en su parte no tan positiva, me recuerda que no es bueno ilusionarse tanto.
Mi corazón puede sufrir.
Sin embargo, ese sufrir no causa tanto revuelo como el sentir que cohabita con él en mi corazón.
Creo que vale la pena. Y partiendo del creer y de las penas, convencida de que quiero arriesgarme… quiero sentir.
No quiero dejar de escucharte, aunque eso sea todo por ahora y si en un futuro sintiera más que escucharte, sé que no querría dejarte.