en el éxtasis de un beso imaginario...
imagino más que eso...
tu espacio pide ser llenado...
la tristeza del vacío indeseado...
y al olvido de los días...
imagino tus caricias...
y te pido: ¡quédate! ...
... o mejor, ¿ven?
... entre mis piernas una fuente quieres beber eternamente,
nada se recuerda...
... todo es al natural...
... te fumaré...
¿me fumarás? nos fumaremos... entre nuestros labios sedientos,
besos de vino tinto.
lunes, 21 de abril de 2008
martes, 1 de abril de 2008
Acto 2
Pocas veces… pocas veces… o ninguna vez… rara vez, sí.
Retomemos, pocas veces un recuerdo me emociona, me estremece, me sacude. Pocas veces lo recordado me recorre impaciente llevándome al momento de retozo.
Es que te sentí mucho. Abundante. Tibio. Extasiado.
Tienes una cualidad que te limita, te encasilla; o ¿será que la que encasilla soy yo?
No suelo admitir pasión. Ya una vez lo pensé. Lo sabía y ahora reafirmo que siempre lo supe.
Te escuche más y aunado a eso, ahora te vi y, peor aún, te sentí. He firmado mi condena, la que conlleva a un dulce y carnal castigo, el cual es intermitente como los latidos que lo acatan.
Olor, esencia, espacio contraído. Cada asociación semántica evoca plácidamente el tacto.
Cúbreme y mantente así. No te levantes, ¿no ves que podríamos separarnos?
Está bien, separémonos… al menos, me queda el momento que pocas veces o si acaso en una rara vez me devolverá a ti.
Retomemos, pocas veces un recuerdo me emociona, me estremece, me sacude. Pocas veces lo recordado me recorre impaciente llevándome al momento de retozo.
Es que te sentí mucho. Abundante. Tibio. Extasiado.
Tienes una cualidad que te limita, te encasilla; o ¿será que la que encasilla soy yo?
No suelo admitir pasión. Ya una vez lo pensé. Lo sabía y ahora reafirmo que siempre lo supe.
Te escuche más y aunado a eso, ahora te vi y, peor aún, te sentí. He firmado mi condena, la que conlleva a un dulce y carnal castigo, el cual es intermitente como los latidos que lo acatan.
Olor, esencia, espacio contraído. Cada asociación semántica evoca plácidamente el tacto.
Cúbreme y mantente así. No te levantes, ¿no ves que podríamos separarnos?
Está bien, separémonos… al menos, me queda el momento que pocas veces o si acaso en una rara vez me devolverá a ti.
Acto 1
Me acostumbraste a escucharte, casi tan inconscientemente como la vida me ha acostumbrado a respirar.
Es que hoy no llamaste.
Te he oído poco.
¿Sabes?
Con los dedos de una mano cuento las ocasionales conversaciones; pero ningún dedo de mi cuerpo me alcanza para contar los muchos intercambios que yo he sentido tener contigo.
Es que se que nos pensamos. Bueno, eso es lo que siento.
A la vez, me detengo.
No me permito sentir mucho, porque esa misma vida, en su parte no tan positiva, me recuerda que no es bueno ilusionarse tanto.
Mi corazón puede sufrir.
Sin embargo, ese sufrir no causa tanto revuelo como el sentir que cohabita con él en mi corazón.
Creo que vale la pena. Y partiendo del creer y de las penas, convencida de que quiero arriesgarme… quiero sentir.
No quiero dejar de escucharte, aunque eso sea todo por ahora y si en un futuro sintiera más que escucharte, sé que no querría dejarte.
Es que hoy no llamaste.
Te he oído poco.
¿Sabes?
Con los dedos de una mano cuento las ocasionales conversaciones; pero ningún dedo de mi cuerpo me alcanza para contar los muchos intercambios que yo he sentido tener contigo.
Es que se que nos pensamos. Bueno, eso es lo que siento.
A la vez, me detengo.
No me permito sentir mucho, porque esa misma vida, en su parte no tan positiva, me recuerda que no es bueno ilusionarse tanto.
Mi corazón puede sufrir.
Sin embargo, ese sufrir no causa tanto revuelo como el sentir que cohabita con él en mi corazón.
Creo que vale la pena. Y partiendo del creer y de las penas, convencida de que quiero arriesgarme… quiero sentir.
No quiero dejar de escucharte, aunque eso sea todo por ahora y si en un futuro sintiera más que escucharte, sé que no querría dejarte.
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