martes, 1 de abril de 2008

Acto 1

Me acostumbraste a escucharte, casi tan inconscientemente como la vida me ha acostumbrado a respirar.
Es que hoy no llamaste.
Te he oído poco.
¿Sabes?
Con los dedos de una mano cuento las ocasionales conversaciones; pero ningún dedo de mi cuerpo me alcanza para contar los muchos intercambios que yo he sentido tener contigo.
Es que se que nos pensamos. Bueno, eso es lo que siento.
A la vez, me detengo.
No me permito sentir mucho, porque esa misma vida, en su parte no tan positiva, me recuerda que no es bueno ilusionarse tanto.
Mi corazón puede sufrir.
Sin embargo, ese sufrir no causa tanto revuelo como el sentir que cohabita con él en mi corazón.
Creo que vale la pena. Y partiendo del creer y de las penas, convencida de que quiero arriesgarme… quiero sentir.
No quiero dejar de escucharte, aunque eso sea todo por ahora y si en un futuro sintiera más que escucharte, sé que no querría dejarte.

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